Por: Ps. Luis Enrique Lovón

 

PRESENTACIÓN

 

A quince años de su muerte Carl Sagan sigue vivo en su obra, su mensaje optimista y su confianza en las posibilidades del género humano se mantienen incólumes a pesar de todo. Es imposible hacer un recuento de las series de televisión más vistas  a nivel mundial sin mencionar “Cosmos”, un viaje de aventura por los fueros de la ciencia al que fuimos invitados  y asistimos con el encendido entusiasmo de verdaderos voyagers.  Capítulo a capítulo el elocuente líder de la expedición nos introducía en los misterios del universo, navegaba junto a nosotros en los vertiginosos ríos del tiempo para recalar en eventos tan distintos y en épocas tan distantes, donde hombres y mujeres de todas las razas habían forjado  el complejo sistema de saberes que la humanidad hoy posee. Los cielos del conocimiento estaban constelados de filósofos griegos, geómetras  egipcios, matemáticos sumerios  y los sabios del renacimiento refulgían ante nuestros ojos mostrándonos la épica construcción de la historia de la ciencia.

En su viaje personal a través del Cosmos, Sagan nos reveló de manera didáctica las complejidades de la naturaleza cuyas leyes, descubiertas a duras penas por la inteligencia y la tenacidad humanas, se repiten constantes en todo el universo. De esta manera se evidencia que somos el medio suscitado para que el Cosmos tome conciencia de sí mismo.

Pero no solo tuvo el mérito de ser un divulgador de la ciencia, ha sido también un guerrero infatigable en la lucha por la preservación del planeta y todo cuanto en él existe, sus hallazgos sobre el efecto invernadero pusieron en vigencia la discusión de un comportamiento más responsable de las industrias con el planeta. También alertó sobre la posibilidad de una súbita extinción de la especie humana a consecuencia del armamentismo irracional; fue memorable, en tiempos de la guerra fría, su metáfora de los dos hombres metidos hasta la cintura en un barril de combustible, que se amenazan mutuamente con encender las cerillas que cada uno tiene en las manos. Su elegante pero firme defensa de la ciencia frente a las pretensiones pseudocientíficas como la ovnilogia, la astrología o la religión han permitido derribar mitos y hacer que los lectores de sus libros incuben una actitud más escéptica y un pensamiento más racional frente a  estos temas.

Finalmente, nunca dejarán de ser conmovedores sus llamados a tratarnos los unos a los otros con más humildad y gentileza para preservar esta peculiar forma de organización de la materia llamada Vida.

Estamos hechos de la misma esencia que conforma las estrellas y como ellas algún día dejaremos de existir, pero es alentador saber que por muy efímera que sea la vida, podemos darle un sentido a las cosas que hacemos. Sagan cumplió ampliamente con este cometido, fue una estrella en la oscura noche de la necedad de vivir en un mundo preñado de tecnología y ciencia que no comprendemos y usamos mal. El 20 de diciembre, al conmemorarse un año más de su muerte, El Bípedo Implume rinde homenaje a la memoria de Carl Sagan, reproduciendo uno de los más emotivos fragmentos de su vasta producción intelectual: “Un pálido punto azul”.

 

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